También conocí a P. a través del portal. Un par de mensajes bastaron para generar interés de forma bilateral. Cuarenta y dos años aparentando mínimo diez menos, profesora de secundaria, muy culta, divertida, algo alocada... deliciosa. Enseguida hablamos por videoconferencia y la sintonía era evidente. Demasiado evidente, de otra forma no hubiésemos llegado a los niveles de intimidad a los que llegamos. Qué calentones. Los dos sabíamos lo que pasaría cuando nos viésemos por primera vez, y no nos equivocamos. Era el día de Reyes, quedamos en una céntrica cafetería, y para cuando nos fuimos a comer a una pizzería el repertorio de besos que nos habíamos dado era digno de un catálogo.
Al terminar de comer nos quedaba toda la tarde por delante, hasta la hora en que su ex le devolvía al niño, y no hizo falta discutir demasiado sobre la idea de irnos a su casa. Es que hacía frío y no nos apetecía pasear...
Nos regalamos una buena sesión de sexo, muy buen sexo, todo hay que decirlo. P., además de todas las virtudes de las que he hablado, es una amante estupenda, y yo, por mi parte, a pesar del desentreno, creo que dejé el pabellón a una altura más o menos digna.
